Quizá sea la Biblia el libro sagrado que más enconada batalla presenta contra los adivinos. Son numerosas las advertencias contra sus prácticas, contra los rituales que pretenden atisbar el futuro o poner en contacto a los vivos con los muertos. Aun así, el ejercicio ha perdurado hasta nuestros tiempos, donde el oficio de adivino sigue anclado en la tradición si bien incorpora nuevos elementos propios de la época.

Ya sea un vidente televisivo o el curandero que comparte sus fórmulas por un precio, la sociedad se divide entre la minoría que acepta las reglas de la adivinación y aquellos que las condenan, tradicionalmente, personas o instituciones adscritas a la Ley imperante el momento. Aunque resulta curioso el movimiento inverso que presenta la adivinación, paralelo al advenimiento de religiones monoteístas como el cristianismo. De ser una práctica consentida por el poder, incluso ejercida en su beneficio, con el cambio ideológico, la adivinación pasa a ser oscurantista, propia de sociedades que no progresan.

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‘El prestidigitador’, de El Bosco

En cualquier caso, incluso con etapas de persecución, tales prácticas han sobrevivido al paso de los siglos y en la actualidad reabren el debate de su validez como modelo de negocio, con importantes lagunas que han dado más de un quebradero de cabeza a las autoridades europeas.

La adivinación en el Antiguo Testamento

En la Biblio no hallaremos referencias positivas hacia la adivinación. Existe un consenso entre los profetas sobre lo abominable de aferrarse a unas prácticas que remiten al presente y pasado pagano.

9 Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.
10 No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero,
11 ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.
12 Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.
13 Perfecto serás delante de Jehová tu Dios.
14 Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.

En Samuel 15:23 encontramos el ejemplo de Saúl, caído en desgracia por su enconado odio hacia David, también por caer en la adivinación y la idolatría: «Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey».

La adivinación en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento la actitud hacia los adivinos no cambia un ápice. Es más, el discurso es invectivo y sitúa al ejercicio vidente entre las prácticas que, más que conducir al infierno, cierran las puertas del cielo.

Existen leves contradicciones como la presencia de los Reyes Magos, que presentaron sus respetos ante el Niño Jesús. Tal y como apunta a Maurice Bouisson, existen fuentes que, una vez de vuelta a sus hogares, fueron convertidos por Tomás y difundieron el Evangelio por los territorios de la actual Irán. Otros, especulan con el origen frigio de los tres sabios y, respecto a su realeza, apuntan a que responde al ejercicio de acomodamiento profético que se le quiso dar al Nuevo Testamento, siendo estas figuras análogas a los reyes de Sabá, Seba y Tarsis.

Las Actas de Brujería

La relación de los gobiernos con la adivinación ha discurrido paralela a la de la disciplina madre de la brujería. Si bien los practicantes de una y otra discreparán de tal relación, la británica Acta de Brujería de 1542 estableció que todo practicante de invocaciones o encantamientos –con especial énfasis en el lucro– sería ejecutado sin excepción.

The_Enchanted_Garden_of_Messer_Ansaldo_by_Marie_Spartali_Stillman_(1889)

‘The Enchanted Garden of Messer Ansaldo’ por Marie Spartali Stillman

Con el paso de los años la medida gozaría de excepciones hasta trasladar a los acusados de la jurisdicción eclesiástica a los tribunales de derecho común. Evitada así la pena de muerte, solo restaba eludir la acusación de fraude. No es hasta el siglo XX cuando se establece el beneficio de la duda, segregando a los médiums auténticos de los estafadores.

La legalidad de la adivinación en la actualidad

Determinar la autenticidad del adivino es difícil, por no decir que prácticamente imposible. Aun así, en 2008, una directiva europea reclamó a adivinos, médiums y sanadores a que así lo hicieran, con la consiguiente protesta del sector. La ley, en resumen, obligaba a que el prestador del servicio describiera previamente el carácter lúdico de su práctica ante los clientes. Polémica decisión ya que, al hallarnos en el terreno de las creencias, corremos el riesgo de extrapolar la adivinación y el resto de mancias al terreno de las religiones, convirtiéndose el acta en un ejercicio de segregación y control de unas prácticas fiscalmente incómodas.


Imagen de cabecera: Muerte de Abimelech, por Gustav Doré