El periodismo deportivo, en concreto, el futbolístico, recurre habitualmente a la retórica del portero como guardián, equiparándolo en importancia a criaturas mitológicas como el cancerbero de los Infiernos. En el presente artículo, trazamos una línea entre este símil y una larga tradición de monstruos guardianes.

Cancerberos clásicos

Cerbero es una popular figura de la mitología helena que protegía el acceso al inframundo griego. Hijo de Equidna, la víbora, y de Tifón, adoptaba forma de perro monstruoso con cola de dragón y un lomo erizado con cabezas de sierpes. Pero, sin duda, su rasgo más conocido es la multiplicidad de sus cabezas que, dependiendo de la tradición, suelen ser un par, tres e incluso un centenar.

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Entre las simbologías aplicada a su figura, encontramos el terror a la muerte, en especial, para aquellos que temen al Infierno como lugar de castigo. A nivel psicológico, representa a un miedo interior, de ahí que los únicos héroes que fueron capaces de doblegarlo fueran Heracles, con las manos desnudas, y Orfeo, con su lira. Ambos ejercicios se ven como gestos espirituales, alejados del uso de las armas humanas.

Cerbero en la interpretación neoplatónica

En la interpretación neoplatónica, Cerbero conecta con el demonio interior, el espíritu maligno que solo podemos derrotar cuando lo sacamos de su medio. El caso de Heracles es paradigmático, ya que, tras derrotarlo, regresa al mundo de los vivos para ofrecer la bestia a Euristeo. Este pide que la retorne al lugar del que surgió.

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Hércules y el Cancerbero, por Francisco de Zurbarán (1634, Museo del Prado, Madrid)

Así, vemos que la fuerza interior realiza aquí un desplazamiento individual y ascente, con un primer descenso a las cavernas del alma para ascender victorioso sin más ayuda que nuestro intelecto y voluntad.

La simbología del umbral

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de entender la importancia de una criatura como Cerbero, es su función como guardián de un umbral.

Los umbrales suelen aparecer en los rituales de paso. La mayoría de veces, como separación entre un mundo exterior y profano y uno interior y sagrado. Funciona también como punto de reconciliación entre fuerzas antagónicas, uno lugar de equilibrio.

La mayoría de tradiciones cuenta con sus propios umbrales, muchos de ellos vinculados a lugares sagrados (iglesias, mezquitas). El comportamiento que tengamos ante estos (acceder, mantenernos frente a él o retirarnos) simbolizará nuestra disposición mental hacia los misterios presentes al otro lado.

Cancerberos modernos

En la actualidad, acostumbramos a denominar cancerberos a los guardametas de un partido de fútbol. Un gesto que no es inocente si tenemos en cuenta lo anteriormente comentado.

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Foto por Markus Spiske

El guardameta defiende un espacio cerrado, concreto, que desequilibra la realidad cada vez que es superado por el balón. Los límites establecidos entre los postes, el larguero y la red es una nada al mismo nivel que el Inframundo, donde toda actividad dentro de sus fronteras está penada y siempre queda al margen del «mundo» de juego.

Viendo el campo de fútbol como un todo simbólico dividido y polarizado, no es extraño que el balón y su sublimación, el gol, quede vinculado a un espíritu de superación. Esta importancia justifica que la retórica periodística recurra a un concepto como el de cancerbero, pues pocos guardianes hay más importantes en la tradición europea. En este punto, nos quedamos con interesante el gesto de invocar a un monstruo de la antigüedad para describir un oficio relativamente reciente.


Autor de la cabecera: William Blake