«Dormirse en los laureles» es una expresión popular que cuenta con un origen mitológico. Tras ella se encuentra el mito de Apolo y Dafne, así como un mensaje moralizador vinculado al esfuerzo deportivo y géneros líricos como el epinicio.

El mito de Apolo y Dafne

El mito de Apolo y Dafne es un relato de la mitología griega en el que identificamos la pulsión entre la virtud y los impulsos carnales. La virtud está representada por Dafne, la ninfa, que antes de protagonizar esta historia era conocida por su pasión por la caza y la naturaleza, con un interés que le llevó a despreciar a los numerosos pretendientes que aspiraban a su amor.

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Apolo y Dafne, Gian Lorenzo Bernini (1622-25)

Advertida por su padre de que le sería difícil mantener tal posición, Dafne no tardó en verse envuelta en una disputa entre dioses. Por un lado, Apolo, que al burlarse de los juegos con el arco y la flecha del dios Eros, experimentó en sus carnes el efecto de sus saetas. Eros tomó dos: una dorada y otra de plomo. La primera incitaba al amor, la segunda al odio. Con la de oro acertó a Apolo y con la de plomo a Dafne, que de inmediato despreció a la divinidad.

El hostigamiento de Apolo finalmente requirió intervención superior. Apolo logró alcanzar a Dafne tan solo para ver como el padre de esta, en su auxilio, la transformaba en árbol. Los pies se enraizaron, la piel se tornó corteza, los brazos ramas y el cabello hojas. Apolo ya no podía amar a la ninfa, pero prometió honrarla al convertirla en su árbol, por siempre verde y lozano. También prometió que sus ramas coronarían a los héroes.

La corona de laureles

Tanto en Grecia como en Roma se empleó el laurel como trofeo. Recibían sus coronas los héroes, los sabios y los genios.

El laurel está asociados a los juegos Píticos que se celebraban en el santuario de Delfos. Los premiados en los juegos Olímpicos recibían la rama de olivo.

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El poeta Ovidio coronado con laureles.

Recibir una corona de laurel era un trofeo que, nunca mejor dicho, valía su peso en oro, o en plata, dependiendo del material empleado en su fabricación. La cuestión es que, al cambio, las coronas generaban pingues beneficios al héroe, que podía vivir holgadamente durante una buena temporada.

De este colchón económico deriva la expresión «dormirse en los laureles». También de la propia naturaleza de los juegos, donde el nada aseguraba la gloria del vencedor salvo una nueva victoria.

Simbología del laurel

El laurel, como planta de hoja perenne, está ligada al simbolismo de la inmortalidad. El pueblo romano, especialmente, fue responsable de sus connotaciones gloriosas, tanto bélica como espiritual. Esta concepción viene del culto al dios Apolo, donde también encontramos un uso activo del laurel en las profecías de la Pitia y los adivinos, que mascaban o quemaban la hierba en beneficio de la práctica adivinatoria. Aquellas personas que obtenían una respuesta favorable de la Pitia, regresaban al hogar con una corona de laurel sobre la cabeza.

dormirse en los laureles

Foto por Monika Grabkowska

El laurel también cuenta con virtudes protectoras, como una resistencia especial ante el rayo. Al ser una planta apolínea, su uso infundía parte de los poderes del dios.

Entre otros pueblos, destaca la misma relación con la inmortalidad, como en China. En el norte de África existieron rituales relacionados con las ramas de laurel que combatían a las malas energías.

El género del epinicio

Tradicionalmente, el peán fue la composición lírica que honró al dios Apolo. En él, encontramos la misma relación con el heroísmo y el conflicto, en parte, por una posible relación con la victoria del dios sobre la serpiente Pitón.

Pero, siendo más precisos, descubrimos en el epinicio el mismo carácter moral que hayamos en la expresión «dormirse en los laureles».

Cornelis de Vos - Apollo and the Python, 1636-1638

Cornelis de Vos – Apollo and the Python, 1636-1638

El epinicio pertenece a la poesía lírica, a modo de subgénero literario de la oda o el himno. Figuras como Píndaro y Baquílides lo emplearon para glorificar a los atletas y los aurigas vencedores en los juegos.

Entre las partes del epinicio encontramos una conclusión que contiene consejos morales que van desde la moderación tras el triunfo, la generosidad hacia los vencidos y elogios diversos según la clase del ganador. Al ser composiciones por encargo, recurrían a tópicos y fórmulas preestablecidas.