Los gigantes mitológicos, así como sus parientes los titanes y los colosos proliferan en los mitos de diferentes pueblos. Criaturas extraordinarias en sus dimensiones, hablan también de desmesura moral y conductas que deben apartarse por el bien de la Humanidad.

Entre los ejemplos más destacados de esta sustitución se encuentra la titanomaquia, la guerra entre los partidarios de Zeus y los titanes de Cronos, su padre. La represalia posterior conocida por gigantomaquia, vuelve a enfrentar a los olímpicos con la prole de Gea, criaturas igual de monstruosas y de dimensiones que solo las deidades pueden combatir.

En ambos acontecimientos, encontramos una transición entre filosofías y un interesante borrón y cuenta nueva que también descubrimos en otras culturas.

Gigantes mitológicos en la tradición griega

En la tradición grecolatina existen dos tipos de gigantes: aquellos que nacieron de Gea, los primigenios, y aquellos de cuya leyenda derivan. Este segundo grupo no constituye una línea coherente, no existe consenso entre los autores que narran sus desventuras.

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Escena de la Gigantomaquia

Centrándonos en los gigantes primigenios, vemos que, principalmente, son criaturas que llaman la atención por su fuerza y por su estatura. Homero y Hesíodo coinciden en tales rasgos, aunque no refieren directamente a la gigantomaquia.

Engendrados por Gea, también destacan por su monstruosidad y la dificultad con la que resulta abatirlos. Los propios dioses Olímpicos necesitarán de la ayuda de Heracles para vencerlos.

Gigantes ahogados: las víctimas del Diluvio

En el diluvio universal también encontramos referencias al pueblo de los gigantes. Los nefilim que se mencionan brevemente en la Biblia habitaron la tierra antes de que Dios anegara el mundo. Se dice de ellos que eran los descendientes de los hijos de Dios y de las hijas de los hombres, por lo que, entre diversas teorías, se especula que podrían ser el resultado de la unión entre ángeles y mujeres.

gigantes mitológicos: goliat

David y Goliath por Caravaggio

La cuestión es que la palabra nefilim puede traducirse como caídos y en su descripción encontramos las dimensiones que los amparan con los gigantes. El diluvio sería una respuesta a su predominio sobre los pueblos humanos y a una influencia negativa sobre estos que debía expiarse.

Tras el diluvio, la presencia de gigantes en la Biblia es recurrente, como el tamaño del filisteo Goliat o los anakim, una raza de gigantes que habitó Canaán en tiempos de la conquista israelita. Como sus predecesores, pierden terreno progresivamente ante una humanidad menos pecaminosa.

Los gigantes mitológicos en otras culturas

La presencia de gigantes mitológicos en la mitología es constante. En algunos casos, sutil, como en el de Gilgamesh. El héroe sumerio presenta en las descripciones que se hacen de él una altura en codos que equivale a los 5,60 m. Enkidu, su compañero, por un estilo.

Aun así, no puede decirse que ambos fueran gigantes y que tal calificación responda más a su “grandeza” que a unas dimensiones extraordinarias.

En la tradición germánica, los gigantes son figuras relevantes, en especial, en la escatología vikinga, donde alzarán las armas contra los aesir liderados por Odín. Estos gigantes de hielo están vinculados a otras criaturas gigantescas del folklore germánico, como el lobo Fenrir, los ogros y los troles.

Alegoría y simbolismo tras los gigantes mitológicos

Alain Chevalier apunta al gigantismo material y la indigencia espiritual de estas criaturas. Para el erudito, una de las claves de su existencia es la imposibilidad de vencerlos si no actúan sobre ellos fuerzas divinas y terrenales. Tenemos el caso de Heracles, que asiste a los olímpicos en la gigantomaquia.

Puede verse que los dioses necesita a la humanidad para luchar contra la bestialidad terrestre y viceversa. El mito tiene un componente psicológico ya que habla del potencial del hombre contra la adversidad, aunque siempre con un ojo en el camino que le condujo a la batalla.

Otro aspecto a tener en cuenta es la vinculación de los gigantes con fenómenos físicos, como la actividad volcánica. La brutalidad, la fisicidad y el potencial daño en la civilización que tienen estos fenómenos se asemejan a los roles que los gigantes han tenido en el mito y el folklore mundial.