La edad heroica de tradición épica, propia de los poemas de Homero, contiene, según expertos com K.J. Dover, un importante núcleo de realidad histórica. La dificultad para precisar este hecho surge de la distorsión y el embellecimiento propios a estas narraciones. También del hiperbolismo, el uso constante de la hipérbole para aumentar o disminuir de forma excesiva los hechos. Una forma de hacer que discurre paralela a la poesía épica y a sus manifestaciones heroicas contemporáneas, como el cine de acción o los cómics de superhéroes.

¿Qué entendemos por hiperbolismo épico?

Entre los rasgos más evidentes del hiperbolismo dentro de la poesía épica, encontramos las propias gestas de los protagonistas. En el caso de la Ilíada, las proezas de Aquiles, Héctor y los principales caciques guerreros de la contienda. La naturaleza semidivina del primero no excluye al resto de posicionarse física, intelectual y moralmente por encima del resto de mortales, otro rasgo propio de esta lírica, de carácter agónico.

El hiperbolismo épico también se manifiesta en las descripciones de escenarios y multitudes, con unas cifras de contendientes que podrían reunirse con dificultad en la edad de los héroes homéricos.

Ecos de hiperbolismo épico en la literatura clásica

En la literatura épica de épocas posteriores a Homero también encontramos trazas de hiperbolismo. Casos como la Eneida de Virgilio, comprensible debido a la estrecha relación de ambas obras; el Chanson de Roland, donde el protagonista hace frente y, lo más importante, abate a una multitud de enemigos antes de caer. En las mismas exageraciones cae Ludovico Ariosto con su Orlando furioso, si bien su poema, en numerosos pasajes, se enmarca en la fantasía propia de las materias francesa y británica. Las huestes angélicas de El paraíso perdido de Milton saldrían fuera de esta tradición por su propia naturaleza ultraterrena, pero la mantendrían en contraste con previas manifestaciones literarias de ángeles y demonios, de mayor contención.

paraiso-perdido-milton-gustave-doré

Ilustración de Gustave Doré basada en el “Paraíso perdido” de Milton.

El héroe épico como esbozo del superhéroe

Entre las manifestaciones artísticas contemporáneas que retoman la tradición «hiperbólica» encontramos al cómic, que con el género de los superhéroes construye un imaginario a caballo entre la mitología y la obra épica. Salvo excepciones que ostentan poderes propios de la divinidad, el superhéroe estándar es una persona con habilidades superiores a la media, como una mayor velocidad, fuerza o inteligencia.

Esa habilidad más el uniforme que viste para diferenciarse de otros compañeros de oficio tendrían el mismo valor que el epíteto homérico que nos recuerda en todo momento que Aquiles es «el de los pies ligeros» o Héctor «un matador de hombres».

Cine de acción hiperbólico

Otro fenómeno de la cultura de masas es el héroe de acción propio de la industria cinematográfica. Sus características le asemejan a los héroes épicos, ya no solo por las habilidades casi sobrenaturales que esgrime ante sus enemigos, también por la predisposición a luchar por una causa mayor que, habitualmente y, al igual que ocurre con el Eneas de Virgilio, responde a la necesidad de establecer un mensaje ideológico/político. Así, un personaje como John Rambo –y sus diferentes secuelas y plagios– lanza fuertes paralelismos con la renuencia de Aquiles a seguir luchando junto a Agamenón y la conferencia de pueblos que comandó durante la Guerra de Troya.

john rambo como ejemplo de hiperbolismo épico

John Rambo como ejemplo de hiperbolismo épico

La figura del héroe de acción también demuestra una capacidad enorme para soportar el dolor y enfrentarse a sus enemigos en desventaja. No lidia un especial ingenio, solo el hiperbolismo que le permite, uno por uno o directamente en masa, concluir sus objetivos a través de la violencia.