La expresión “ser la manzana de la discordia” tiene su origen en la mitología griega. Pero la relación de esta fruta con el conflicto trasciende el ámbito grecolatino, con manifestaciones de una índole similar en el Génesis bíblico y tradiciones más alejadas.

La manzana de la discordia en los mitos griegos

Durante la celebración de los esponsales entre Tetis y Peleo, los que serán padres del héroe Aquiles, vemos como Eris, diosa de la discordia, se las ingenia para hacer su trabajo con una simple manzana. Puede decirse que las consecuencias que su gesto desencadenarán serán catastróficas, siendo la responsable, entre otros eventos individuales y colectivos, de la guerra de Troya.

El Juicio de Paris de Enrique Simonet, 1904.

El Juicio de Paris de Enrique Simonet, 1904.

Eris se basta con arrojar a los homenajeados una manzana en la que reza: “para la más bella”. Hera, Atenea y Afrodita aspirarán al galardón, poniendo en un aprieto a Paris, presente en el evento, cuando le ordenan que se decida por una.

Naturalmente, como buenas deidades, estas le proponen al mortal un premio a cambio de su juicio. Hera le ofrecerá poder, Atenea inteligencia y Afrodita el amor de Helena de Troya. Si estáis al tanto de los acontecimientos posteriores, sabéis que Paris escogió a la tercera. De ahí que la expresión “ser la manzana de la discordia” apunte a situaciones y personas que alteran una situación en la que, hasta el momento, reinó la paz.

La manzana de la discordia en otras tradiciones

La manzana, en todas sus acepciones, suele vincularse al conocimiento. Un conocimiento que es, a su vez, un arma de doble filo, ya que puede conducir a la inmortalidad (conocimiento unitivo) o a una caída en desgracia (conocimiento distintivo).

Manuel,_Judgement_of_Paris

Tenemos el caso de Adán y Eva, que tras ingerir el fruto prohibido, pierden el acceso al Paraíso, de una forma similar a cómo las también codiciadas manzanas de oro en el jardín de las Hespérides son un premio de difícil acceso.

Figuras como el abate E. Bertrand apunta a que el simbolismo de la manzana procede de su interior. Asegura que encierra una estrella de cinco puntas compuesta por los alveolos que encierran las pepitas. De ahí que sea vista como una fruta del conocimiento y de libertad, aunque el abusar de ella suponga un uso excesivo de la inteligencia y una mayor proximidad hacia el mal.

La manzana vista como superalimento mitológico

En la tradición celta, la manzana también es fruta de ciencia. Combinada con una poco de magia, aparece como un alimento inagotable, como en el caso de Condle, al que la mujer del otro mundo le ofrece una que tarda un mes en extinguirse. Por otra parte, los hijos de Tuirenn saldrán en busca de las manzanas del jardín de las Hespérides como expiación a su crimen. En los relatos asociados a este mito, se dice que quien come de ellas dejará de tener hambre, sed, dolor y enfermedad.

Cuenta la leyenda que Alejandro Mago, a su paso por la India, en su búsqueda del agua de la vida, encontró manzanas que prolongaban la vida de los sacerdotes. En la tradición escandinava, este fruto también exhibe virtudes rejuvenecedoras y regenadoras.


Crédito de la cabecera: Pintura de Jacob Jordaens. 1633.