La fracturación hidráulica, más conocida por el término anglosajón fracking, es una técnica de dudosa ética ambiental que, por medio de la inyección de agua a presión facilita la extracción de hidrocarburos previamente inaccesibles. Las asociaciones medioambientales, en oposición a la industria, alegan que el fracking es responsable de la contaminación de acuíferos y corrientes subterráneas, así como el vertido de sustancias cancerígenas como el benceno.

Ante tales evidencias, la población lleva años organizándose en contra de tales prácticas, en especial, dentro del territorio estadounidense, donde el aumento del precio de los combustibles fósiles ha disparado el uso del fracking en las extracciones. Entre las movilizaciones populares se encuentran los Water Guardians, un grupo de 300 voluntarios respaldados por 20,000 firmas (obtenidas en 25 días) que, no solo representan al pulso entre la sociedad y los grandes poderes económicos (y políticos), también presentan vínculos con una larga tradición de mitos orientados a la preservación y protección de las fuentes y masas acuáticas.

Sobre el fracking

El fracking no es una técnica nueva, si bien es cierto que su uso se ha popularizado en los últimos diez años. El motivo, la relación entre rentabilidad y resultados, con una evolución de un siglo que va desde el uso de la nitroglicerina, ácidos y, finalmente, agua a presión.

protectores del agua contra el fracking

Campo petrolero en el condado de Santa Bárbara. Decenas de miles de acres podrían ser destruidos por el desarrollo petrolero propuesto.

El fracking apunta al sustrato rocoso que encierra el gas y el petróleo, a más de 2500 metros bajo tierra. La combinación de agua a presión con químicos y materiales apuntalantes agiliza el proceso de extracción.

Los detractores de la técnica insisten en los efectos contaminantes de la fracturación hidraulica, así como una serie de secuelas medioambientales entre las que se citan un elevado consumo de agua, contaminación sonora y atmosférica y el traslado de químicos y gases desde las profundidades a las superficie, con nocivas consecuencias en la vida sobre el planeta.

La iniciativa Water Guardians

La iniciativa Water Guardians es uno de los muchos movimientos sociales protectores del agua. La iniciativa denuncia la urgencia que el condado de Santa Barbara experimenta debido a las numerosas extracciones petrolíferas y las peligrosas técnicas que estas emplean. No solo la fractura hidráulica, también las inyecciones de vapor y los acidificantes que buscan resultados similares.

water guardians Protectores del agua

Si bien es cierto que la infraestructura de los Water Guardians les impide competir contra los recursos de las grandes compañías, tuvieron un reciente éxito con la “Medida P”, una iniciativa ciudadana que fue bloqueada por las compañías petroleras tras la inversión por parte de estas de 7,6 millones de dólares. Un gasto sin precedentes que puso el acento en el potencial de las movilizaciones ciudadanas.

El mito de los protectores del agua

Movimientos como los Water Guardians encuentran vínculos con la tradición mítica y religiosa, donde, más allá de situaciones geográficas o geopolíticas, las fuentes, corrientes y masas de agua han desplegado un fértil imaginario.

En algunos casos dioses, en otros criaturas a medio camino de lo humano y lo divino, todas coinciden en una estrecha relación con las aguas, la capacidad para residir bajo ellas y la capacidad para ejecutar represalias sobre todos aquellos que invadan o trasgredan las leyes de sus territorios.

Frans Francken, Neptuno y Anfitrite

Frans Francken, Neptuno y Anfitrite (1600-1630)

Estrechamente vinculados con la simbología de la vida y la fecundidad, los dioses y monstruos marinos de las tradiciones egipcia, hebrea y babilónica tienden a relacionarse con el caos primordial, con las masas acuáticas indomables, como en el caso de Tiamat. Es en la tradición grecolatina donde advertimos funciones más específicas de las figuras míticas, como las transformaciones en ríos de muchos héroes.

Ninfas del elemento acuático

Las ninfas de la mitología griega eran deidades menores de género femenino asociadas a un área de la naturaleza, como los ríos, las cuevas o las colinas.

Uno de los grupos más numerosos son las ninfas del elemento acuático, divididas entre las que residen en aguas dulces y aguas saladas: nereidas y oceánides, respectivamente. El nombre deriva de su mítico progenitor, Nereo, en el caso de las nereidas, y Océano, en referencia a las oceánides.

Representación de apsaras en angkor wat

Representación de apsaras en Angkor Wat.

Más allá de esta primera división, encontramos designaciones más específicas, como las náyades –vinculadas a ríos, lagos y pozos–, las potámides –propias de ríos– y avernales –residentes en las corrientes del inframundo–.

A las ninfas acuáticas se les atribuyen dotes proféticas u oraculares, así como la capacidad de inspirar poéticamente a aquellos mortales que beben de sus aguas. En algunos casos, las aguas que protegen son curativas, en relación directa con la simbología de la fertilidad asociada a las aguas.

En la tradición hindú también encontramos ninfas del elemento acuático como las apsarás. Bailarinas dentro de la corte del dios Indra, fueron empleadas por este para seducir a los mortales que amenazaban a los intereses de la deidad.

Sin ser estrictamente guardianas de fuentes acuáticas, las apsarás resultan interesantes por los préstamos existentes entre su mito y el de las ninfas grecolatinas, en especial, en lo que concierne a Urvashí, la ninfa que se enamoró de Pururavas y que, según Max Müller, establece un sólido diálogo con el mito de Orfeo y Eurídice.


Protectores del agua: dioses primigenios, ninfas y activistas modernos es un artículo abierto. Si quieres aportar referencias o líneas de debate, escríbenos a mitocriticas@discursiva.com y no dudaremos en incluirlas.

Imagen de cabecera: Hilas y las ninfas (1896), de John William Waterhouse.