El episodio del ciclo tebaida de Los siete contra Tebas, dramatizado por Esquilo aunque perteneciente a una tradición mítica anterior al autor, muestra entre sus temas las consecuencias de un quiebro del orden social. Representado por la negativa de Eteocles a ceder el gobierno prometido a su hermano Polinices, este orden se restituye tras una cruenta batalla salpicada por la profecía y la muerte de ambos hermanos en combate. El desarrollo del choque, así como, sobre todo, su influencia en ficciones posteriores como los Siete samuráis de Akira Kurosawa, define uno de los usos simbólicos menos conocidos entre los que se aplican al número siete.

Los siete contra Tebas a grandes rasgos

Eteocles y Polinices, hijos de Edipo, heredan la regencia de Tebas tras el destierro de su padre. De partida, los hermanos concretan alternar el mandato, pero al año, Eteocles, con el poder en sus manos, determina que no cumplirá la promesa. Polinices, dispuesto a alcanzar el trono por la fuerza, obtiene el favor de Adrasto en su búsqueda de aliados. El propio regente se suma a la expedición y, junto a Polinices y cinco paladines más, constituyen los siete paladines que asediarán Tebas.

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Los episodios previos al enfrentamiento auguran el desastre, pero aun así los siete alcanzan la ciudad y se enfrentan a sus defensores. Cada paladín trata de acceder a la urbe por una de sus puertas y en cada una de ellas topa con un campeón local escogido por Eteocles. El propio Eteocles sale al encuentro de su hermano sin tener en cuenta las maldiciones que flotan sobre sus cabezas. El resultado: Tebas soporta el asalto si bien los hijos de Edipo acaban matándose entre ellos.

Simbología numérica presente en el mito

La presencia del siete en el mito griego es constante. Las siete puertas de Tebas se suman a figuras como las siete hespérides o los siete hijos y las siete hijas de Niobe. Referencias que, como en este caso, pueden vincularse a ciclos completos.

Según Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, el siete representa al “sentido de un cambio después de un ciclo consumado y de una renovación positiva”. El primero podemos vincularlo al gobierno de Eteocles y el segundo al resultado de la batalla. Tebas resiste la invasión y el orden social se restituye.

Curiosamente, son los locales, los que ya atesoraban el equilibrio de la ciudad, aquellos que lo mantienen tras la batalla. Más que una sustitución, se da una renovación que elimina elementos dañinos para la sociedad, como el propio Eteocles, el usurpador –sustituido a su muerte por Creonte–, y los caciques invasores que, si por algo destacan en sus descripciones, es por la prepotencia con la que afrontan su misión, en algunos casos, creyéndose por encima de hombres y dioses –y pagando con sus vidas por ello–.

La confrontación centrada en el número siete desvía la atención de cualquier asociación simbólica al número dos, presente en los hermanos fratricidas y tema recurrente en la mitología grecolatina.

Presencia del siete en la cultura y ficción

La relación del siete con los cambios de orden es sutil cuando analizamos la cultura de diferentes épocas. Una tradición considera al siete un número mágico, mientras que la mayoría lo emplea como delimitador de ciclo. Indagando en la tradición, encontramos manifestaciones como los siete días que Dios judeocristiano necesitó para crear y definir la creación.

En el Antiguo Testamento, el arco iris, manifestación de los siete colores, cierra el episodio del diluvio y garantiza que Dios no volverá a repetirlo.

En el folclore, las versiones modernas del cuento de Blancanieves involucran al siete en la cifra de enanos –o ladrones, en algunos casos–, que ayudaron a la protagonista del relato a restituir su estatus frente a la madrastra usurpadora: la sustitución de valores despóticos por una justicia nutrida por la bondad.

Apariciones de Los siete contra Tebas en la ficción moderna

La ficción moderna, en concreto el séptimo arte, ha dado al siete una aplicación similar a los acercamientos folklóricos. La aproximación que mayor calado ha tenido y que mejor se relaciona con el tema de Los siete contra Tebas es el film de Akira Kurosawa Shichinin no Samurai (Los siete samuráis), donde un grupo de samuráis se reúne para liberar a un pueblo de la amenaza de unos bandidos. La restitución del orden social contiene en este caso otros temas de idéntico calado, como el ocaso de valores y del modus vivendi del samurái.

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Trasladado a la cultura estadounidense, tenemos la también exitosa Los siete magníficos, que incluye una larga lista de secuelas, remakes y productos derivados que enfatizaron la buena relación del tema con, no solo el escenario bélico, también con los escenarios crepusculares y las sociedades que los habitan.

Siete mujeres, de John Ford, traslada el desencanto de época y mantiene la resistencia del grupo frente al amoral bandido. De fondo, la década de estreno de la película, unos años sesenta de renovación ideológica fundamental.

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Otro ejemplo interesante, por como combina el episodio mitológico de Los siete contra Tebas con el Rapto de las Sabinas es el musical Siete novias para siete hermanos. El secuestro de las novias ofrece aquí un episodio de caos en la comunidad que solo la confrontación resolverá.